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por Peter Mutai

NAIROBI, 19 de agosto (Xinhua) — Las comunidades de los países en desarrollo que no han percibido beneficios a partir del uso de los recursos genéticos y los derivados de los recursos naturales durante varias décadas, pronto podrían empezar a beneficiarse una vez que el acuerdo internacional vinculante sobre el acceso a los recursos genéticos entre en vigor. Los negociadores también están presionando para que el régimen permita a los países vender sus productos a nivel mundial,  además de tener competencias en la presentación de reclamos frente a los países que comercian sus productos de forma ilegal.

“Nosotros recomendamos enérgicamente un acuerdo que nos pueda ayudar en el acceso, protección, administración y beneficios provenientes de nuestros bosques naturales” revela el Director Adjunto de Recursos Naturales del Servicio Forestal de Kenia, Esaú Omollo.

Él señala que una vez que se firme y entre en vigor el régimen internacional de acceso, mas tarde este año (2010), este  protegerá a los países en contra de la biopiratería, ya que hará posible el enjuiciamiento de las personas envueltas en el comercio ilegal de recursos genéticos. Al  mismo tiempo observa que a través del régimen, todos los países están esperando beneficiarse de sus recursos por medio del control de sus bosques.

Los países en desarrollo además están buscando mecanismos que les permitan repatriar algunos beneficios procedentes de los países desarrollados, con el fin de beneficiar a las comunidades de donde los productos fueron extraídos.

Con el actual acuerdo internacional, ha sido imposible para los países productores reclamar los beneficios por el uso de sus recursos genéticos, una vez que estos abandonan sus fronteras. Se considera que el acuerdo existente ha contribuido indirectamente al desarrollo del sector de turismo, en el cual los turistas visitan los países en desarrollo con el objetivo de extraer productos forestales que tienen un valor en sus países.

Uno de los productos forestales que ha sido propenso a abusos comerciales en Kenia y otros países africanos, es el Prunus africana, el cual es  utilizado como una medicina tradicional en el continente para tratar el dolor en el pecho, la malaria y la fiebre.  “A nivel internacional, se comercia para la fabricación de productos utilizados para tratar la hipertrofia de la glándula prostática  (inflamación de la próstata) y problemas relacionados  con  la hiperplasia prostática benigna” dice Miriam Omollo, oficial de Programas en el Instituto de Asuntos Económicos. Ella afirma, que la inflamación de próstata afecta a más del 50 por ciento de los hombres mayores de 50 años, de ahí la alta demanda en Europa y las Américas, donde los índices de personas mayores son mayores en comparación con el porcentaje en los países en desarrollo. Al ser un árbol duro y durable, el Prunus africana  se usa en África para la fabricación de diversos productos para el hogar tales como hachas, azadas y muebles. Este árbol se exporta principalmente a Europa, siendo Francia el mayor importador seguido por España. Omollo revela que la corteza del Prunus y sus extractos son comercializados en mayor escala que otros árboles silvestres africanos. Su explotación comercial empezó en 1972 y ha continuado hasta la fecha. “El valor de venta al por menor de Prunus africana, se estima en 220 millones de dólares EE.UU. al año”, añade. Su cultivo es restringido en Kenia y Camerún por las autoridades gubernamentales. Sin embargo es importante señalar  que Camerún es el mayor productor en el mundo de este recurso natural, seguido por Madagascar.

En el pasado reciente, camiones cargados de Prunus africana de los bosques del Valle del Rift, han sido interceptados por la policía y la gente detrás del comercio ilegal, que siempre están bien conectados, detenidos y acusados en un tribunal de justicia. Curiosamente el extracto de la corteza pulverizada se incorpora en cápsulas y se vende bajo varios nombres comerciales, incluyendo Pygenil, producido en Italia, y Tadenan, producido en Francia, mientras que los países en desarrollo, los principales productores y proveedores del producto observan desde la distancia.

Japón, en nombre de otros países desarrollados, presenta una oposición a la propuesta de los países en desarrollo que sugiere el fortalecimiento de acuerdos bilaterales entre países productores y los que tienen intereses en los recursos. En una reunión anterior de negociación, los países desarrollados y en desarrollo, acordaron que un acuerdo vinculante debería incluir todos los recursos genéticos y los conocimientos tradicionales asociados, los mismos que actualmente se encuentran cubiertos bajo el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), y los beneficios resultantes por su uso. Los países en desarrollo,   que tienen mucho de los recursos  genéticos de la flora y la fauna, están muy interesados en tener un instrumento internacional jurídicamente vinculante que podría abrir vías para la persecución tan pronto como sea posible.

En las reuniones anteriores, Kenia, Brasil, Malasia y  la República Democrática del Congo, han liderado las propuestas para la protección de las patentes locales de las comunidades, cuyos productos han sido saboteados con impunidad.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica reconoce los derechos soberanos de los Estados sobre sus recursos naturales en las aéreas que se encuentran dentro de su jurisdicción. Las partes del Convenio, por lo tanto, tienen la autoridad para determinar el acceso a los recursos genéticos en áreas dentro de su jurisdicción y también tienen la obligación de tomar las medidas apropiadas con el objetivo de compartir los beneficios derivados de su uso.

Países como Kenia,  últimamente han empezado a promover políticas de conservación, debido a la alta degradación de bosques, así como también  al descubrimiento de la importancia de la conservación de reservorios de la biodiversidad. La salud y vitalidad de bosques como el complejo de Mau, y el amplio rango de los servicios que pueden proveer, están directamente relacionados a la biodiversidad, es decir la diversidad de especies, genes y ecosistemas.

Más de 1.6 billones de personas dependen directamente de los bosques y de los productos de estos para mantener sus estilos de vida, conseguir martiriales de refugio, alimentos, medicinas y agua. Muchas de los farmacéuticos más vendidos, tal como la penicilina, cyclosporine y la medicina anticancerosa Taxol, han sido derivadas de la naturaleza; y el conocimiento tradicional medicinal puede señalar el camino para el desarrollo de nuevas drogas. Futuras drogas, productos industriales y genes para cultivos mejorados están siendo buscados en plantas y animales, particularmente en el mundo en desarrollo, genéticamente rico.

En el 2004, las naciones adoptaron las Directrices de Bonn sobre el acceso y el reparto de beneficios. Estas reglas voluntarias, señalan los roles y responsabilidades de las compañías y científicos que se encuentran desarrollando bioprospección, por los países y comunidades que ostentan el conocimiento y los recursos genéticos de interés. Las directrices identifican los pasos en el proceso de  acceso y reparto de beneficios, con un énfasis en la obligación de los usuarios de buscar el consentimiento informado previo de los proveedores.

Con este desarrollo, las comunidades dentro de las regiones en donde dichos recursos se encuentran, van a poder disfrutar de los beneficios, gracias a la reciente aprobación de una Constitución en Kenia, la misma que allanó el camino para la creación de condados como un motor para el desarrollo rural y el crecimiento.