Los esfuerzos actuales para proteger la biodiversidad mundial corren el riesgo de hacer más daño que bien, advierte Krystina Swiderska. En el Green Room de esta semana, ella señalo que las funciones de las comunidades indígenas y locales en proteger los recursos genéticos del planeta, están siendo pasadas por alto o hasta ignoradas.
En Octubre, representantes de 193 gobiernos se encontraran en Nagoya, Japón, para adoptar una nueva ley internacional, que espera asegurar que los recursos biológicos del mundo sean usados de una manera justa y sostenible. Ya es tiempo.
La Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) ha destacado, que alrededor de un tercio de todos los recursos genéticos para la comida y agricultura, ya han sido perdidos en los últimos 100 años.
Este año - el Año Internacional de la Biodiversidad – recibiremos también la confirmación oficial que el objetivo intergubernamental para reducir la pérdida de biodiversidad, habrá sido un completo fracaso.
El trato ha alcanzarse en Nagoya, podrá ayudar a revertir esta tendencia, pero al menos que los gobiernos hagan algún mayor progreso en sus negociaciones finales, la próxima semana, será más probable que el acuerdo impacte negativamente a la biodiversidad y empobrezca a la gente quien más depende de ella.
En ese sentido la nueva ley es importante por numerosas razones. Por milenios, comunidades alrededor del mundo han cultivado la variedad de la vida, incluyendo miles de cultivos y plantas medicinales que son vitales para nuestra agricultura, seguridad alimenticia, salud y nutrición.
LA BIOPIRATERÍA
Las corporaciones empresariales cada vez más, buscan recursos biológicos y conocimiento local asociado, para utilizarlos en el desarrollo de patentes, así como la venta de nuevas medicinas, semillas, comestibles y productos industriales. Sin embargo, no hay ningún sistema para asegurar que los beneficios de estos productos sean compartidos justamente con otros países y con las comunidades en donde se originan.
Esto ha llevado a acusaciones de “biopiratería” y ha eliminado incentivos para que países pobres o en desarrollo y comunidades locales conserven sus riquezas biológicas. Esto no es Nuevo, en 1993, los gobiernos adoptaron la Convención sobre la Diversidad Biológica (CBD) de la ONU, la cual instaura que el acceso a los recursos genéticos este acompañada por una distribución equitativa de beneficios. Es así, que los Países industrializados han acordado compartir los beneficios provenientes del uso de los recursos genéticos con países en desarrollo.
El asunto del Norte/Sur se encuentra en el corazón del CBD, pero no se ha materializado todavía. Así, los esfuerzos hasta hoy han sido centrados generalmente en la conservación de la vida silvestre, dejando de lado a los recursos genéticos, los mismos que proveen las bases para la alimentación y la agricultura. Desde la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de 2002, los gobiernos han estado tratando de negociar un protocolo internacional legalmente vinculante bajo los auspicios del CDB para asegurar que estos obstáculos sean cumplidos en la práctica. Su plazo es Octubre del 2010.
El protocolo busca también promover la distribución equitativa por el uso de los conocimientos tradicionales indígenas y de las comunidades locales, y el desarrollo de reglas dirigidas por las comunidades para acceder a los recursos biológicos locales.
COMPARTIENDO EL BOTÍN
Esta semana, los gobiernos están reuniéndose en Montreal, para la sesión final de negociación antes de la reunión de Japón en Octubre, donde se espera que el trato sea cerrado. Pero como las cosas se ven por ahora, los negociadores fallaran en asegurar un resultado positivo, al menos que resuelvan varias cuestiones críticas.
Mientras el protocolo enfatizará en los derechos soberanos de los Estados sobre los recursos genéticos, un número de países no quiere reconocer los derechos de las comunidades indígenas y locales sobre los recursos biológicos bajo el uso consuetudinario. Así como tampoco quieren reconocer los derechos de esas comunidades en participar de las decisiones sobre el acceso a estos recursos. Esto socavaría la habilidad de las comunidades de usar los recursos biológicos según sus propias costumbres, las mismas que tienen un papel importante en la conservación y son vitales para la subsistencia de millones de indígenas. Además, los países industrializados no quieren que el protocolo cubra el conocimiento tradicional que ya se encuentra en dominio público. Lo que llevaría a que compañías a un acceso libre a este conocimiento sin la necesidad del consentimiento o de la participación de los beneficios que surjan de su uso.
Aunque mucho de los conocimientos tradicionales ya han sido documentados y estan públicamente disponibles, en la mayoría de casos, las comunidades no han dado su consentimiento para que sea usado comercialmente. En ese sentido, si este nuevo protocolo excluye el conocimiento tradicional que esta públicamente disponible, limitara bastante las posibilidades de participación en los beneficios con las comunidades indígenas y locales, acarreando la difícil generación de incentivos para fomentar a las poblaciones locales e indígenas, que viven de la biodiversidad a conservarla.
Los Países industrializados quieren que el protocolo solo cubra recursos genéticos, mientras que los países en desarrollo sienten que también debería cubrir derivados, lo que significa que los beneficios generados por el acceso y uso de cualquier producto basado en recursos genéticos también deberían ser compartidos.
El protocolo es potencialmente muy importante pues, por primera vez, involucrará legalmente a los países industrializados donde los recursos genéticos son usados, los cuales se encuentran fuera de la jurisdicción de las legislaciones nacionales de los países proveedores. Pero como está la situación, es probable que no se logre un pequeño progreso en prevenir la biopiratería o en proteger la biodiversidad. Países industrializados como Australia, Canadá, Japón y la Unión Europea están colocando claramente el interés de compañías privadas antes que los intereses del bienestar público global como es la biodiversidad.
Lo que es más, un número de países, incluyendo Canadá, India e Indonesia, no quieren reconocer los derechos consuetudinarios de las comunidades indígenas y locales, a pesar de ser estos reconocidos en la CDB y la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU.
Mis propias investigaciones con comunidades en India, China, Perú, Panamá y Kenia muestran el rol crítico que los agricultores y curanderos tradicionales juegan en mantener y mejorar la diversidad genética. Hay una necesidad urgente en proteger esta herencia bio-cultural colectiva, con el fin de proteger la seguridad alimentaria global y permitir a la gente su adaptación al cambio climatico.
Krystyna Swiderska is a senior researcher in the Natural Resources Group at the International Institute for Environment and Development (IIED), a UK-based think tank
The Green Room is a series of opinion articles on environmental topics running weekly on the BBC News website
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